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30.1.10

Bukowski again.

El tipo que ilustra la cabecera de este blog es uno de los que más placer y más intenso me ha ofrecido en este mundo de libros y sinsabores. Me voy a la cama hoy con "Fragmentos de un cuaderno manchado de vino", una colección de rarezas inéditas (relatos y ensayos, pone, pero ya sabemos que Bukowski no tenía corsés; los arrancaba, en todo caso) escritas entre 1944 y 1999 y que acaba de ver la luz.

Hace unos 10 años decidí dejar de leerlo. No por presripción médica. La lucidez, aunque a menudo sea una puerta de entrada al dolor, siempre es una virtud en sí misma. Nunca me asustó la lucidez de Bukowski ni tampoco acabar idealizando a sus personajes perdedores y, sin embargo, absolutamente seductores. Me identifico con Bukowski en muchas cosas y, tal vez, sea el escritor a quien más admiro, más allá de un debate estrictamente literario o estilístico. No soporto a los que dicen "está bien, pero no sabía escribir". No tienen ni puta idea, no saben de qué hablan. Si Bukowski algún día llega a conducirme por su senda del perdedor, mala suerte; no abjuraré de la lucidez para evitarlo.

No, decidí dejar de leerlo porque devoraba sus libros sin control, de forma compulsiva, hasta que un día caí en la cuenta de que su obra era limitada y no quería privarme en el futuro de seguir descubriéndolo, dejándome fascinar por él… Fue una buena decisión, porque Bukowski además, al menos para mí, es terapéutico y nunca se sabe cuando hará falta echar mano del botiquín y rescatar sus últimos títulos aún inéditos para mí. En realidad sólo me queda por leer una de sus novelas, Pulp, la última que escribió y unos pocos libros de relatos más. Creo que he leído también todas las biografías y otras cosas que sobre él se han publicado. Pero esa última novela y esos libros de relatos me los guardo en la despensa de la vida. Lo nuevo que va saliendo suyo sí lo he leído; me justifico diciendo que esas lecturas no alteran en nada las provisiones de la despensa.

Es curioso, porque después de frenar la lectura de la obra de Bukowski he tropezado con pequeños fragmentos insoslayablemente suyos en otros autores, sobre todo en Mohammed Chukri i en John Fante, pero en muchos otros también

Empezar a leer a Chinaski, como comprenderán, es prácticamente un ritual para mí. Tengo una botella de cosechero bajo la almohada, tres mujeres bastante estropeadas bajo la cama y mañana pienso engominarme el pelo, echarme desodorante en los sobacos, ponerme mi americana más mostosa y acudir a las carreras de caballos a apostar el dinero que no tenga. Ya les contaré en breve qué tal. Qué tal libro y qué tal el ritual.



Els deixe en PJ Harvey i en 4 apunts més:

• El Govern d'Espanya recorre davant el TC el decret-llei del Consell per a avalar la destrucció del Cabanyal. Vore notícia ací.

• El Llevant UD guanyarà demà i es posarà a 1 punt de la zona d'ascens.

• El dumenge a les 12 h manifestació que ha de ser massiva per la rehabilitació integral del Cabanyal. Convocatòria ací.

• Adictes a Perdidos. El dimarts comença la 6ª temporada en Cuatro.

25.3.09

Fetiche Hank

«Secuelas de una larguísima nota de rechazo».
Charles Bukowski.

Ilustrador:
Thomas M. Müller.
Nórdica Libros.

Als 24 anys, Charles Bukowski publicà el seu primer relat en Story Magazine. Ara Nórdica el publica per primera volta en castellà. El relat és fluixet i li falta el ritme i l'intensitat del millor Bukowski, pero l'edició és magnífica i també les ilustracions de T. M. Müller.

Com de Bukowski m'agradaria tindre inclús les seues botelles —buides— de vi "cosechero", este caprichet fetiche no podia falta en la meua llibreria.

9.7.08

Bukowski



La foto es de una muñeca real. Se llama "Sexual doll" y en el sitio del que levanté la foto decía al pie: "Son de silicona, tienen esqueleto metálico y llevan pelo natural, son los nuevos 'juguetes' sexuales de vanguardia creados en Japón". Además de ésto, en la parte superior de ese sitio proclamaban ufanos que se adherían al Manifiesto por la lengua común.

A continuación un fragmento de "La máquina de follar" de Charles Bukowski:

"(…) El paquete llegó al cabo de unas tres semanas. fue bastante embarazoso porque yo no tenía bomba de bicicleta, y me puse muy caliente cuando saqué todo aquello del paquete. tuve que bajar a la gasolinera de la esquina y utilizar la bomba de aire.

Hinchada tenía mejor pinta. grandes tetas, un culo. inmenso.

-¿Qué es eso que tiene ahí, amigo? -me preguntó el de la gasolinera.
-Oiga, oiga, yo le he pedido prestado un poco de aire. Soy un buen cliente, ¿no?
-Bueno, bueno, puede coger el aire. Pero es que no puedo evitar la curiosidad... ¿qué tiene ahí?
-¡Vamos, déjeme en paz! -dije.
-¡DIOS MIO! ¡qué TETAS! ¡mire, mire!
-¡Ya las veo, imbécil!

Le dejé con la lengua fuera, me eché el chisme al hombro y volví a casa. me metí en el dormitorio.
Aún estaba por plantearse la gran cuestión...
Abrí las piernas buscando algún tipo de abertura. Von B. no lo había hecho mal del todo.

Me eché encima y empecé a besar aquella boca de goma. de cuando en cuando echaba mano a una de las gigantescas tetas de goma y la chupaba. Le había puesto una peluca amarilla y me había frotado con la poción de amor toda la polla. No hizo falta mucha poción de amor, con la del tarro habría para un año. La besé apasionadamente detrás de las orejas, le metí el dedo en el culo y le di sin parar. Luego la dejé, di un salto, le encadené los brazos a la espalda, con el candadito y la llave, y le azoté el culo de lo lindo con los látigos.

¡Dios mío, voy a volverme loco! pensé.

Después de azotarla bien, volví a metérsela. follé y follé. Era más bien aburrido, la verdad. Imaginé perros follando con gatas; imaginé dos personas follando en el aire mientras caían de un rascacielos. Imaginé un coño grande como un pulpo, reptando hacia mí, apestoso, anhelante de orgasmo. Recordé todas las bragas, rodillas, piernas, tetas y coños que había visto. La goma sudaba; yo sudaba.

-¡Te amo, querida! -susurré jadeante en sus oídos de goma. (…)"
.



Toda aquellos amigos o conocidos a los que alguna vez les entusiasmó Bukowski levantan la ceja cuando les digo que me sigue pareciendo un grande como el primer día. No sólo un provocador, un tipo singular o un personaje irrepetible, sino uno de los grandes, un gran escritor, vaya. Deben creer que, por pensar así, no he aprendido nada a pesar de los miles de páginas que he devorado en estos años. Tal vez sea cierto.

Mi relación con Bukowski ha sido como la de los astronautas con las reservas de aire. Lo descubrí hace años. El apologista que me lo presentó era un pintor del Cabanyal y un gran bebedor de vino (nunca descubrí si fue antes el huevo o la gallina; es decir, si se hizo un gran bebedor después de leerlo o si le gustó tanto porque ya lo era). En cualquier caso el pintor era un bebedor de los de verdad, de los que beben a cualquier hora del día, de la tarde o de la noche con cualquier coartada. De los que organizan una orgía alrededor de una botella y si no les sale bien al menos se van a casa cocidos y contentos.

Leí sus libros de forma compulsiva, me convertí yo también en un apologista —aunque no en un gran bebedor, en eso me quedé en la categoría de los del montón— y cuando llegué al décimo libro paré. Hice un ejercicio de contención, seguí una terapia de desintoxicación y decidí que el resto de sus libros me los dejaba por si llegaba a la edad adulta. Durante este largo periodo de abstinencia sólo me he permitido leer sus biografías, relecturas de relatos, algunos poemas o ensayos sobre él, pero lo otro, lo que de verdad me convulsiona, su prosa breve o larga por descubrir, me la guardo para cuando peine canas, si es que el destino reserva para mí semejante instrumento de seducción.

Unas semanas atrás releí "La máquina de follar" y me pareció aún mejor que la primera vez, hace muchos años.